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Periodismo, paz y ciudadanía

El periodismo no sólo debe centrarse en promover la libertad de expresión para garantizar su ejercicio profesional y la libertad de información, sino que debe crear en su ejercicio  de información y escucha los canales comunicativos que la sociedad necesita, afirma una investigación de la Universidad Nacional sobre “Derecho a comunicar y periodismo en Colombia”.

“Son los periodistas y comunicadores sociales, los llamados  a desarrollar el derecho de comunicar en Colombia”, agrega  Mario Fernando Guerrero Gutiérrez, autor de la investigación con la cual optó el título de Magister en Comunicación y Medios del principal claustro universitario colombiano.

El marco teórico de la investigación cubrió aspectos tales como el derecho a comunicar, la libertad de prensa, la libertad de expresión, la libertad de información, el modelo colombiano de los sistemas informativos, la calidad del periodismo, comunicación y ciudadanía, etc.

“Aquello que define  de manera evidente el sistema de medios de comunicación en Colombia es su alta concentración en pocas manos y su exacerbada  centralización en la capital del país”, sostiene en su investigación Guerrero Gutierrez con la observación de que “la televisión es el medio más influyente y en ella, por amplia diferencia, solo dos canales privados tienen la mayor aceptación entre  los televidentes. Las grandes  cadenas  radiales  y los medios impresos de gran alcance son pocos, y en las últimas décadas han cambiado de ser propiedad de las familias que tradicionalmente los poseían, a menos de los grandes grupos económicos de Colombia, tal como viene sucediendo a escala global”.

Para el investigador, ” el privilegio de comunicar en Colombia siempre ha estado asociado a la autoridad política, la cual, desde sus inicios, es heredera de las estructuras coloniales de dominación española, y por ello, es atravesada aún hoy por problemáticas de género, raciales y económicas”.

Luego de hacer un repaso histórico  sobre el periodismo y el derecho a comunicar desde la independencia hasta el presente, resalta cómo en diferentes épocas,  las luchas políticas impulsadas por la virulencia de los líderes políticos polarizaban a la opinión pública desde sus tribunas, que eran los periódicos (y luego la radio y la televisión) “de tal manera  que el odio al contenedor político fue la base de la cultura política de los siglo XIX y XX.

Pero Guerrero Gutiérrez anota a continuación que “Aun hoy, en torno al proceso de paz, los medios de comunicación polarizan a la opinión  pública desde dos  posiciones  antagónicas: el bando de quienes quieren finalizar exitosamente  el proceso de paz, reconociendo la guerra en Colombia  como un conflicto interno y el bando de quienes  quieren ganar la guerra manu militari, derrotando a la guerrilla, sin reconocerla como contraparte en un conflicto, desvirtuando su naturaleza, tildándolos de bandoleros, insurgentes, alzados en armas, guerrilleros, terroristas y, finalmente, delincuentes”.

El documento llama la atención sobre el derecho a comunicar como libertad de expresión  sobre la injusticia social, la violencia y la guerra, ha sido por décadas en Colombia sentencia de muerte para periodistas y defensores de derechos humanos, para concluir en este aspecto que “El periodismo con responsabilidad social sigue siendo un oficio de alto riesgo”.

Se invoca en el estudio la necesaria profesionalización y calidad del periodismo porque, de acuerdo a la investigación, el ejercicio del periodismo en Colombia  está a medio camino entre dos extremos que configuran su proyección hacia el futuro: por un lado su consolidación  como institución en busca de reconocimiento social y, por el otro, la promoción de un marco de derechos que les permita a los periodistas  desenvolverse  profesionalmente.

Frente a la dependencia periodística del poder político, dice Guerrero Gutiérrez en su estudio que el periodismo tiene una deuda histórica pendiente  que debe saldar debido a su larga y cercana  relación con partidos y dirigentes políticos”.

Otros apartes de la investigación que llaman a la reflexión y acción de periodistas, editores y directores de los medios de comunicación  son los siguientes:

“El concepto de ciudadanía, en clave latinoamericana, nos  enfrenta al problema de la inclusión social nunca concluida  en nuestras incipientes  democracias. Las republicas latinoamericanas, titularmente  democráticas, son controladas por un pequeño grupo de élites, que a la luz de la modernización capitalista han realizado pequeñas concesiones  en cuanto a garantía de derechos civiles y sociales en la lógica de la implementación, en mayor o menor medida según el caso, de lo conocido como un Estado bienestar”.

“…En ese marco, y como mediadores  naturales de los procesos informativos y comunicativos en Colombia, el periodismo no solo debe centrarse en promover la libertad de expresión para  garantizar su ejercicio profesional y la libertad de información para tener voz y alcance, sino que debe crear, en su ejercicio  de información y de escucha, los canales comunicativos  que la sociedad necesita  para repensarse  y reconocerse  a sí misma en un proyecto pluralista de nación en paz.

“Son entonces los periodistas  y los comunicadores sociales, los llamados a desarrollar el derecho a comunicar en Colombia, construyéndolo en conjunción  con la sociedad y sus comunidades más cercanas, a promover a través del ejercicio responsable  de su disciplina y extenderlo más allá de los núcleos urbanos”.

“Y finalmente, para la construcción de paz, un periodismo que haga frente  al grave problema del olvido de nuestras sociedades modernas, posicionado  la información como el bien social más  valioso de nuestro sistema  democrático y como factor  clave en nuestro desarrollo social.

“Pero para edificar este tipo de periodismo se debe intervenir activamente  en el sistema de medios de comunicación de nuestro país, la existencia de monopolios  de la información y la laxa regulación  que el Estado mantiene  con respecto a los medios de comunicación, contribuyen a que la pugna  social por la consolidación del derecho a comunicar termine siendo  una cruzada solitaria  de valientes y aplomados periodistas que quedan inermes  ante la falta de respaldo de su gremio y de los medios  para los que trabajan. 

Y esta vulnerabilidad  se vuelve mayor cuando se trata de aquellos  comunicadores  anónimos, en las regiones, que trabajan  desde los medios comunitarios y cuyas muertes  o desplazamientos apenas terminan  siendo registros  estadísticos  que engordan  la larga lista de vulneración de los derechos humanos  en el país, e historias al margen  que se pierden en el mar de la información.”

 

 

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