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Hacia un Manual de Ética Periodística

Autores Javier Dario Restrepo y Luis Manuel Botello

International Center for Journalists

 

Hacer periodismo en el siglo XXI

LA TECNOLOGÍA DIGITAL se metió en la agenda de los periodistas y llegó para cambiarlo casi todo, especialmente nuestro modo de mirar y ejercer la profesión.

Comenzaba el siglo cuando el atentado contra las torres gemelas en Nueva York monopolizó los titulares y ocupó un puesto de privilegio en la agenda noticiosa de los años siguientes. Nadie, en adelante, pudo ignorar a los terroristas y sus acciones. La política internacional, la economía, la seguridad personal fueron secciones afectadas lo mismo en los medios impresos o en los electrónicos. El terrorismo llegó a ser un tema transversal.

Pero más que el terrorismo, la evolución cultural de lo digital tuvo que ver con nuestras tareas, o porque alteró sustancialmente las bases del oficio, o porque impuso la necesidad de replantear contenidos, estructura financiera y relaciones con las audiencias. Después de este impacto cultural el periodismo no podrá ser el mismo de antes.

Todo lo anterior significa la otra grave novedad del siglo XXI: un choque de culturas que está transformando nuestra manera de ser y de vivir. En esta casa común que es el planeta, las relaciones han cambiado: las de los humanos entre sí, las de los distintos sectores de la sociedad, las de los humanos con la naturaleza. Y en un mundo así, embarcado en procesos de cambio que amenazan alterarlo todo, el periodismo tiene que poner en tela de juicio sus técnicas, su sistema financiero, sus contenidos y su gente. Como ya se ha venido expresando en distintos tonos y lenguajes, el periodismo y los periodistas tendrán que ser otra cosa, no por mandato de una moda sino por exigencia de una cultura nueva y de las audiencias que han cambiado por exigencia de una nueva historia. A esto habría que agregar que la revolución digital llego sin que las reglas del juego en lo legal de ese nuevo ecosistema mediático estuvieran en su lugar. Eso ha creado una incertidumbre que pone en duda la sostenibilidad de los medios y la libertad de expresión. La llamada neutralidad de internet aún sigue siendo amenazada sin que aun los medios hayan desarrollado un modelo de negocios y sin que existan leyes adecuadas para los nuevos tiempos, leyes que eviten el monopolio de los medios y/o el internet como plataforma de comunicación.

¿En qué consistirá esa novedad? ¿Qué debe cambiar y qué debe conservarse? ¿Se impondrá, acaso, una ética distinta? ¿Será necesario renunciar a los viejos principios y adoptar otros, a tono y en consonancia con la nueva época?

Preguntas como estas son las que nos haremos en las páginas de este Manual en el que surgen las respuestas halladas en talleres, conferencias, conversatorios o intercambios en las universidades y en las redacciones sobre unos temas que ofrecen la dificultad y el atractivo de todo lo que se mantiene en constante renovación. Los cambios que el periodismo está experimentando no son una amenaza, son una oportunidad.

En efecto, el periodismo que emergerá a medida que avance este siglo XXI tendrá unas características que lo harán a la vez antiguo y nuevo. Del periodismo de siempre tendrá que conservar su apego a la verdad, acentuado en estos años por el impacto negativo de la postverdad, esa amenazante forma de ser y de pensar que nos quedó como herencia de unos vicios que cultivaron en el siglo XX los políticos y una población para la que el fin, fuera el del interés personal, o el de su vinculación política, económica o social, justificaba los medios. El engaño fue un instrumento, entre otros, que ofreció su poder e influencia y precipitó al mundo en los abismos de la postverdad, que atenta contra la esencia de la profesión periodística.

Esta época de la postverdad tiene elementos que la convierten en una de las peores amenazas al periodismo profesional de estos tiempos. El hecho de preferir una verdad alternativa a la basada en hechos, no solo erosiona la debilitada credibilidad de los medios, sino que también apela a las emo- ciones de le gente que, cada vez, más prefiere solo escuchar a quienes piensan como ellos mismos dentro de las redes sociales, en donde crean su propia cámara de eco.

¿Tiene algo que decir la ética frente a este hecho que está a punto de influir también en el segundo decenio de este siglo? El fenómeno de las noticias falsas que se intercepta con la expansión de las redes sociales y el desarrollo tecnológico en distintas plataformas hace que el referente ético tenga que tomarse con seriedad por periodistas como por ciudadanos en general.

Como este, se plantean los periodistas y los dirigentes de los medios de comunicación, los conflictos y problemas que nos ocuparán en este Manual.

Son asuntos aparentemente nuevos, pero tienen que ver con los problemas que siempre ha tenido esta profesión y que siempre se han resuelto en el marco de los principios y normas de la ética periodística. Por esta razón miraremos la ética del periodista del siglo XXI desde la perspectiva de los valores tradicionales: compromiso con la verdad, independencia y responsabilidad con la sociedad. Tal será nuestra guía cuando en los siguientes capítulos se propongan temas como el eclipse del otro en la era digital, o el dilema de la inmediatez electrónica, o el choque de las agendas, la pública y la de las redacciones; o las discusiones sobre lo real, y lo real virtual.

Hablar, pues, de un Manual para el siglo XXI es invitar al descubrimiento de nuevas aplicaciones de la ética de la profesión y a comprobar que, con los principios y valores de siempre, los periodistas podemos afrontar el reto de poner al servicio de la sociedad de nuestro tiempo, la tecnología de hoy con el espíritu que ha animado lo mejor del ejer- cicio profesional de los periodistas.

Habrá primero que experimentar esta nueva dinámica periodística trastocada por la tecnología para identificar esos nuevos dilemas éticos, al final, el estudio continuo de estos casos reales que enfrentan los periodistas en el nuevo ecosistema mediático sería lo que no solo salvaría el periodismo, sino también que lo fortalecería junto a aquellos que lo practican diariamente en procesos democráticos.

 

 

 

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