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La amenaza que no cesa

(Editorial Diario El Tiempo)

Damos por sentada, por segura, la libertad de expresión. Damos por superado el debate sobre la defensa de los medios de comunicación dentro de una democracia. Pero una escalofriante sentencia de la Corte Suprema de Justicia, que respalda una decisión del Tribunal Superior de Bogotá que ordena a Publicaciones Semana revelar las sagradas comunicaciones con sus fuentes, pone en juego “el principio de inviolabilidad del secreto profesional”, tal como lo dijo en un comunicado oportuno la Asociación Colombiana de Medios de Información (AMI). De ahí a sacarles información a los psiquiatras y a los curas hay apenas un paso.

Pongamos los hechos en contexto. Hace cinco años, la revista ‘Dinero’, de Publicaciones Semana, publicó un artículo de portada titulado ‘Los pecados de Eike’, y la exviceministra de Aguas Leyla Rojas sintió que el texto la perjudicaba. Publicaciones Semana fue demandada por la exviceministra ante el juzgado 25 del Circuito de Bogotá –que negó la demanda–; luego, en segunda instancia, ante el Tribunal Superior de Bogotá –que la admitió–, y tiempo después recibió la orden, por parte del magistrado Eulin Triviño, del Tribunal, de presentar a la justicia las pruebas –por ejemplo, los correos electrónicos que el autor del artículo se cruzó con sus fuentes– que condujeron a las afirmaciones sobre el papel de Rojas en la relación de ciertos “actores políticos regionales” con la empresa carbonífera del brasileño Eike Batista.

Publicaciones Semana interpuso entonces una tutela contra el magistrado Triviño, en la Corte Suprema de Justicia, sobre la base de los artículos 73 y 74 de la Constitución Política de Colombia: “La actividad periodística gozará de protección para garantizar su libertad e independencia profesional” y “El secreto profesional es inviolable”. Sin embargo, el pasado 7 de diciembre de 2017, con el argumento de que “la actividad periodística no es absoluta”, la Corte rechazó las tesis del medio, que ha ofrecido, incluso, mostrar las pruebas sin exponer a las fuentes. Si algo necesita un país como el nuestro, lleno de peligros para la institucionalidad, en donde los periodistas son amenazados con frecuencia, es una prensa libre, que pueda proteger sus fuentes.

No son buenos tiempos para la libertad de expresión ni encuentra viento a favor el periodismo serio en los días de las burbujas informativas. Se halla en riesgo, hoy día, la democracia que se sostiene en derechos como el secreto profesional y la verdad. Por supuesto, el periodista, como todos los ciudadanos, se encuentra obligado a responder –con las pruebas o con las rectificaciones del caso– cuando su trabajo afecte el buen nombre de una persona, pero las fuentes, que en un país como el nuestro sí que se están jugando la vida, no tienen por qué acabar expuestas y pagando culpas ajenas.

Como dijo la AMI en su comunicado, la decisión del Tribunal y el apoyo de la Corte Suprema son dos antecedentes nefastos en los terrenos de las libertades y de los principios inviolables. La incapacidad de los magistrados para encontrar el punto medio es la demostración de que no es recomendable cantar victoria en la defensa de la libertad de expresión ni es sabio bajar la guardia en la defensa de la democracia.

editorial@eltiempo.com

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